"Un buen conversador debe
tocarlo todo y concentrarse en nada", decía el escritor Oscar Wilde, uno
de los más notorios "causeurs" de su tiempo. En la sociedad
victoriana las anécdotas mordaces y la frivolidad inteligente se consideraban
armas imprescindibles de la vida social. El objetivo: entretener. Hoy, poco (o
nada) queda de las largas sobremesas en las que las mentes más agudas medían su
brillantez. Los usos han cambiado, el trato se ha relajado. Y no parece
necesario dominar ninguna estrategia para conversar en una fiesta, una reunión
o una convención profesional. Todo es más informal, más natural. La norma
predominante: ser uno mismo.
Hoy, con un mundo abarrotado
de tecnología, donde cada vez las relaciones se hacen mas impersonales y frívolas,
el tener la audacia de una buena conversación puede cambiar el rumbo de tu
proyecto o empresa.
Sabes conversar?
Toda persona que quiera
iniciar un negocio necesita tener incontables habilidades, desde creatividad
hasta análisis lógico. Estas capacidades varían en complejidad y especificidad,
con algunas básicas como el management que permean tu día, hasta más complicadas
que son referentes a tu industria.
Pero hay una habilidad
increíblemente básica, pero poco apreciada en el entorno emprendedor actual: el
arte de la conversación. Tus habilidades como conversador son un factor
decisivo sobre cómo se desarrollan diferentes experiencias durante el curso de tu
liderazgo de negocios.
·
Presentar tu negocio a inversionistas,
persuadirlos de invertir y escuchar sus ideas y observaciones.
·
Atraer a tus primeros clientes y convencerlos de
quedarse con tu marca.
·
Elegir miembros de tu equipo a través de
entrevistas, retenerlos y mantener la moral de tus colaboradores.
·
Manejar, organizar y delegar tareas diariamente.
·
Reunir buenas críticas de tu equipo y clientes
para hacer mejoras.
Conversar es, de hecho, una
habilidad fundamental que afectará cada área de tu negocio. Sin embargo, no hay
una clase para saber charlar y rara vez nos tomamos la oportunidad de criticar
cómo hablamos. Afortunadamente, hay algunos hábitos y consideraciones generales
que te pueden ayudar a ser un buen conversador.
1. Pon atención
Hay miles de artículos que te
dicen que puedes demostrar estar poniendo atención a través de contacto en los
ojos, asentir repetidamente y repetir la última frase que la última persona te
dijo. Pero como la conferencista de TED Celes Headlee apunta, ¿para qué necesitas
pretender que estás poniendo atención cuando puedes simplemente poner atención?
Cuando conversas no solo debes esperar la oportunidad de volver hablar.
Realmente escucha lo que la otra persona te está diciendo, absórbelo y responde
adecuadamente. Entenderás más claramente lo que tu interlocutor quiere decirte.
2. Haz pregunta abiertas
Un consejo común para ser
mejor conversador es hacer preguntas abiertas. No puedes hacer una serie de
preguntas cortas y esperar buenas respuestas. Mejor haz preguntas abiertas que
obliguen al interlocutor a dar información valiosa. No preguntes “¿Te gusta
nuestra nueva página web?” Este cuestionamiento resulta en un “sí” o un “no”,
lo que cierra la conversación y te da información poco valiosa. Mejor considera
preguntar algo como “¿Qué opinas de nuestra nueva página web?”.
3. Deja que la conversación
fluya
Durante el transcurso de la
conversación aparecerán muchos cambios de tema. Deja que pasen de manera
natural. Muchos pensamientos y puntos de conversación entrarán en tu mente a lo
largo de la plática, pero no interrumpas el flujo de la conversación para
hacerlos notar a la fuerza. Tu objetivo aquí es mantener el diálogo activo, con
un ritmo positivo, con cambios que se desarrollen de naturalmente.
4. Sé cuidadoso
La gente espera que cumplas tu
palabra, así que ten cuidado con lo que te comprometes a hacer o implicas
saber. Por ejemplo, si un cliente te pregunta si puede personalizar tu software
con una nueva herramienta, no respondas “sí “ solo para mantener la conversación
en movimiento (a menos que, efectivamente, la respuesta sea “sí”). En cambio,
“no sé” es una respuesta perfectamente aceptable, siempre y cuando te
comprometas a obtener las respuestas. Hacer esto te permitirá que tus
conversaciones establecer expectativas más razonables y te expone como una
autoridad más poderosa.
5. Evita los detalles a
menos que sea necesario
La concisión es una poderosa
herramienta que hace que tus palabras sean más significativas, y ayuda a
mantener la conversación un solo tema. Eso no significa que debas responder en
fragmentos de solo unas pocas palabras, pero sí quiere decir que debes evitar
sacar a relucir todos los detalles que no son necesarios para tus puntos
finales. Por ejemplo, ni no vas no vas a terminar una tarea en un plazo
establecido, pero tienes un plan para terminar el proyecto en uno o dos días
más, no te molestes en explicar todas y casa una de las dificultades que
aparecieron durante tu camino. En su lugar, mantén las cosas de alta calidad, a
menos que el cliente pide más detalles.
Regla de Oro
La regla de oro es
preguntarse, ¿me gustaría escuchar a mí lo que me están contando? Las redes
sociales nos han acostumbrado a compartirlo todo y a compartirlo ya. Pero eso
no quiere decir que sea apropiado hacerlo cara a cara en una reunión. Para
iniciar la charla, recurre a los infalibles TED: el tiempo, los espectáculos y
los deportes. Te ayudarán a tomar la iniciativa sin rozar temas polémicos. Todo
el mundo tiene algo que decir sobre el frío o el calor, se emociona con algún
equipo deportivo, o ha visto un estreno reciente. Sobre todo, no se te ocurra
preguntar directamente a alguien quién es o en qué trabaja. Puede parecer que
estás tratando de averiguar si merece la pena seguir conversando con él.
Y nunca, jamás, consultes tu
móvil o te quedes mirando al vacío hasta que alguien diga algo, si de pronto se
produce un silencio. Lo cual no quiere decir que tengas que hablar sin cesar y
sin ton ni son de lo primero que te venga a la cabeza. Detente un segundo y haz
un breve chequeo mental de la situación: ¿hay alguien escuchando lo que digo?,
¿cuántas veces he pronunciado la palabra yo en los últimos cinco minutos? ¿mi
anécdota la propició una pregunta o la cuento por no estar callada? Si los noes
y los yoes alcanzan los dos dígitos, no vas por el buen camino. El pelmazo o lo
que es lo mismo, tomar el hilo y no soltarlo, es el segundo enemigo letal de
las conversaciones. "¿Sabe usted aislarse de una persona que habla
demasiado? Yo desde luego no lo he conseguido nunca", decía la duquesa de
Devonshire.
No olvides nunca que un buen
conversador, educado y entretenido, siempre mira a los ojos y mantiene la
mirada, conoce perfectamente la diferencia entre ser directo o demasiado
franco, y entre la asertividad y la agresividad. Y siempre dice en público
cosas agradables sobre la gente, aunque se permita el lujo de ser muy sincero
sobre la gente desagradable en privado. Y, sobre todo, sabe cómo terminar de
forma educada una conversación.
En resumen, se necesita tiempo
para convertirse en un mejor conversador, al igual que se necesita tiempo para
ser el mejor en cualquier otra tarea, pero cuanto más tiempo y energía se
invierta en esta habilidad, más recompensas ganarás en tus futuros compromisos.
Además, ser un mejor
conversador es algo más que una línea en curriculum vitae, te ayudará a ser
mejor amigo, hijo, padre, esposo y hasta mejor extraño.


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